La huella hace traspasar el muro más extremo en que tu y yo nos vemos.
Si tan siquiera tu sombra quemase más que el sol que deslumbra la paciencia de la vida.
Sumergida en los sueños blancos por las noches y ennegrecidos por las mañanas, me veo en el reflejo del espejo de tu mirada.
La casi mía consciencia altera el ritmo cardiaco de mi capa roja y mi fuerte coraza.
El irte no lo soluciona porque el viento te vuelve a traer hacia el sur de nuestras pasiones.
Negros son los sueños mañaneros y blanquecinos por las noches en que nos vemos.
Mi lástima hacia lo que pudo ser y no fue pero fue y ya no es, desaparece en cada primavera y dejará de existir en la ausencia de los restos.
La dedicación constante hacia mi pesar, achica la belleza del ser, del respirar el aire en que reluce tu OLOR.
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